[...]Egipto es una especie de terreno postizo, y como un regalo del río mismo[...]. Contaban
que el reinado de Meris, con tal que creciese el río a la altura de ocho codos, bastabas ya
para regar y cubrir aquella paroción de Egipto que está más abajo de Menfis[...].
Más por ahora no existe gente[...] que recoja con menor fatiga su anual cosecha que los de aquel distrito. No tienen ellos trabajo de abrir y surcar la tierra con el arado, ni de escardar sus sembrados, ni de hacer ninguna labor de las suelen realizar los demás labradores en el cultico de sus cosechas, sino que, saliendo el río de madre sin obra humana y retirado otra vez de los campos después de regarlos, se reduce el trabajo a arrojar cada cual su sementera, y meter en las tierras rebaños para que cubran la semilla con sus pisadas. Concluido lo cual, aguardarán descansadamente el tiempo de la siega, y trillada su parva por las mismas bestias, recogén y concluyen su cosecha.
HERODOTO
"Los nueve libros de la Historia", Euterpe.

Este texto del historiador griego Herodoto (siglo V a. de J.C.) hace referncia a uno de los aspectos fundamentales de la civilización egipcia: el papel jugado por el río Nilo. En la antugüedad, toda la vida del país dependío del gran río. El Nilo proporcionaba una fertilidád poco común a las tierras del valle, al tiempo que posibilitó la elaboración de un calendario agrícola, que ha permitido a los historiadores establecer una cronología bastante aproximada de la historia antigua de egipto.